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6 jun. 2012

¡Alabad al conejo, impuros!

Hola. Este momento y estas líneas son las adecuadas para plantear una cosa que me sigue carcomiendo la mente. Pondré en forma precisa e indiscutida ciertas consideraciones respecto al tema del conejo en mi jardín, y por qué en definitiva el conejo existe, y no es mi soberana invención. Este conejo es un ser fenomenal, han de saber ustedes, por ende ¿Cómo pueden suponer que no es como lo describo?

Y para quitarles el escepticismo de sus mentes les presentaré pruebas irrefutables. Hace un tiempo pensé que el jardín de mi casa estaba muy lindo para ser verdad, más que los otros del barrio. Yo no ponía mayor reparo en mis plantas, y vivo sola, así que algo o alguien debía estar ayudándome con el jardín, haciendo que prospere pese a todas las adversidades. ¿Cómo es que yo, una simple ser humana que no tiene idea de jardinería, era capaz de mantener un jardín entero?
De pronto vi la luz: tiene que ser un conejo oculto en mi casa.

Así o parecido es el conejo que cuida mi jardín. Yo lo sé.
Desde luego muchos sostienen, con envidia de que mi jardín sea cuidado por el conejo, que estoy subestimando mi capacidad para mantener por mi cuenta el jardín. Dicen que no tengo pruebas de la existencia del conejo o de sus actos, pero yo, basada en mi fe, sé que no necesita demostración alguna cada uno de los fenómenos milagrosos en los que el conejo ha sido partícipe. ¡Pero si las evidencias de que han sucedido las refleja el propio jardín, rebosante de vegetación! Yo no veo la parte en que eso sea un juicio incorrecto, como aseguran los que no tiene un lindo jardín.

Ayer perdí mis llaves, y yo sé que fue el conejo quien las ocultó. Yo sabía donde las tenía pero cuando fui a verlas ya no estaban allí. Seguramente tuvo que ser el conejo escondido en mi casa quien las tomó y las dejó en otro sitio como una muestra de su poder y voluntad. Yo no entiendo para qué lo hizo, pero como simple humana no estoy calificada para comprender los motivos del conejo, el porqué de su actuar.
Lo mismo ocurrió al revés, cuando perdí mis llaves. Había revisado un sitio sin ver nada, y luego cuando miré ahí por segunda vez ¡Estaban mis llaves! Hay algunos que dicen que yo miré bien, pero yo sé que fue un milagro del conejo.

Y el mes pasado vi que en el jardín estaban creciendo unos hongos. No son muy bonitos pero están ubicados en una forma que guarda la armonía del jardín (según yo, por supuesto), de forma que son un regalo para sustentar la belleza del mismo. Lo curioso es que yo no sé cómo se generaron los hongos. Algunos dicen y me tratan de convencer de que las esporas viajaron por el aire y más la humedad las setas germinaron, pero eso es muy rebuscado de creer, tuvo que ser el conejo quien creara los hongos con su gracia roedora, otra vez no sé con qué motivo. ¿Esporas en el aire, humedad? Se combinan muchas cosas ¿No? Si uso la navaja de Ockham, la alternativa más simple es que fue el conejo. Elemental, querido Watson.

Como ven, tengo pruebas irrefutables de que hay un conejo en mi casa, pese a que nunca lo he visto, pero tengo evidencia de sus actos, evidencias muy tangibles. Muchos no creen en este conejo, pero yo sí creo, sé que existe. Me tratan de dar muestras supuestamente racionales de que mi conejo es una alucinación ¡Pero miren mi jardín!

El conejo hace cada día las flores muy rojas
Como estoy tan segura de que el conejo existe y cuida mi jardín, le dedico una parte de mi tiempo a agradecerle por lo que hace. Yo siempre en una olla meto lechugas, espinacas y zanahorias para prenderles fuego y que el vapor impregnado de esos sabores llegue al conejo; es mi forma de rendirle tributo. Antes dejaba zanahorias en el suelo, pero cuando veía que el conejo no quería tomarlas para así no evidenciarse ante mí, empecé a hervir los alimentos en agua, cosa de que el vapor pudiera llegar hasta él, sin que se necesite mostrarse de ninguna manera. ¡Qué creativa soy!
Y parece que esa ofrenda resulta, ya que cuando le pedí al conejo que el rosal que planté prosperara, dio en poco tiempo enormes rosas rojas. Hay quien me dice que las flores crecieron porque la tierra era buena, el clima también, y por mis cuidados. Pero yo sé que fue el conejo quien hizo la tierra buena y cuidó de la intemperie a mis rosas. Pero de otro modo, si las rosas hubieran muerto yo pensaría que fue por mis malos cuidados, no porque el conejo no quiso ayudarme, así que aun hubiese continuado agradeciéndole. Mi fe de que las cosas pasan por algo es mayor como para no estar agradecida.

¿Y por qué le agradezco al conejo para que las plantas crezcan, antes que lo hagan? Eso me preguntan muchos. Yo les respondo que es debido a que sé que el conejo fue quien creó la tierra para las plantas y luego la manguera para que yo regara y luego el jardín, y que después de eso decidió descansar un día, dándome a mí todo el jardín para que lo cuidase. Muchos de esos que me preguntan aluden a la “teoría de la arquitectura” que dice que un arquitecto planeó toda mi casa y el espacio para el jardín, que luego llegaron los constructores, fieles a esos planos, y dejaron la tierra para que luego los jardineros la llenaran de vida. Pero nadie me explica por qué el arquitecto creó el espacio para un jardín en la casa, así que yo no creo en esa teoría, es mucho más correcto pensar que todo fue obra del conejo que está escondido. Además, su propio nombre lo dice: es una teoría. ¡Teoría! ¿Por qué voy a creer en una teoría que no está demostrada?

Mucha gente me ataca diciendo que si no tengo pruebas del conejo, ¿Cómo lo defiendo? Yo no puedo responderles con la belleza de mi jardín ni con el milagro de los hongos, por qué dicen que fueron producto de “factores ambientales”. Qué equivocados están. ¿Y no hay una razón para esos factores ambientales? ¡El conejo, claramente!
Incluso me dicen que si de verdad hubiera un conejo escondido, cosa muy rara, la teoría de los arquitectos no necesita que haya metido un conejo que creó el jardín. Incluso tienen la osadía de decirme que si hubiera conejo este se comería mis plantas en vez de cuidarlas, y mucho menos crearlas. De haberlo, también viviría acá en mi casa y no tendría relación con el jardín; que el que cuide el jardín es una pura idea mía sin fundamento. Yo les digo que miren mi jardín y lo comparen con los otros, y que la única explicación a eso es el conejo.

Pero si de verdad se comiera mis plantas yo se lo atribuiría a las orugas y a los caracoles, que eran ayudantes del conejo pero que se dejaron llevar por la tentación del vicio de comerlas, y que por eso ahora son indignos. Y en el caso muy extremo de que no pudiera atribuir tanta hoja mordida a esos animales pensaré que el conejo me está poniendo una prueba, que me quiere mostrar que el jardín así como es bonito puede ser horrible si no pongo yo de mi parte. Eso significa que el conejo me enseña, porque en un principio yo no hubiera podido mantener sola el jardín, y él me guía a embellecerlo.

Cuando visitan mi casa, lo primero que hacen es preguntarme qué es esa especie de ruca hecha con tallos y hojas. Yo les digo que con los materiales que el conejo dispuso para que yo administrara he creado una capilla para él, y quien entre ahí siempre será oído y estará siendo cuidado por el conejo. Hay que ir frecuentemente a la ruca, ya que así le demuestro al conejo que lo respeto y que estoy agradecida. Si hubiera un temblor y se dañara el jardín y la iglesia, indudablemente reconstruiré la ruca antes de medicar a las plantas para preservar el jardín. Así pido más rápido para que las plantas no sufran.

La teoría de la arquitectura no lo explica tan bien
Un día terrible fue cuando llegó un arquitecto a mi casa y me dijo lo siguiente: Me dijo que él sabía que en la casa no había ningún conejo, que la posibilidad de que se equivocase era realmente muy poca, y que si por casualidad había un conejo que nadie había visto no tiene por qué ser como yo digo, no tiene por qué ni para qué cuidar mi jardín, simplemente vivir en él o hasta depredarlo. De hecho yo nunca lo vi, así que las veces en que el conejo me vio a mí en el jardín no fueron todas, no está pendiente de mí, sino que de hacer su vida de roedor; y por lo tanto es inútil e innecesario que yo tenga una ruca para rendir culto al conejo.

Yo le contesté que la razón para que el conejo cuide mis plantas es que él las creó y por lo tanto son sus hijas, así que vela por ellas y las ama a todas, pero él entonces me preguntó “¿Para que las creó?”, y yo contesté que una persona normal no puede entender al conejo, tan sólo quererlo y respetarlo. También le dije al arquitecto que algunas personas, al intentar comprender lo lindo de mi jardín, comenzaron a creerme y a demostrar tener fe en el conejo. ¡Eso es otra prueba de que el conejo es cierto, así como todo lo que yo pienso sobre él! La demás gente, que no vive en mi casa, ha visto lo bello que es mi jardín, y no se lo explican de otra forma que con la existencia del conejo. ¿El arquitecto no se da cuenta de que somos muchos los que vemos lo sencillo de esto? Si fuera mentira, nadie creería.

A fin de prevenirme del arquitecto, me vi en necesidad de ratificar de forma definitiva esas creencias, hacerlas doctrina. Ante aquella imperiosa necesidad de hacerla única, la única importante y la única que vale, revisé relatos acerca de focas que cuidan los hielos, polillas que encienden focos, ratones que protegen los cables; y los adecué y corté para que pareciera que originalmente hablaban del conejo. Posteriormente compilé aquellos textos en un libro que recoge las apreciaciones mías, que son universales, y los impuse como la guía del conejismo. ¿De qué otra forma podría haberlo hecho?
Con ellas, muy poderosas, le expliqué al arquitecto que su famosa teoría de la arquitectura no podía refutar mi conejo, y le mostré todos los espacios, en el plano de la casa, en donde puede esconderse.

Su respuesta me hizo reír, me dijo que la teoría de la arquitectura está hecha para explicar de forma coherente la planificación y construcción de casas, no para refutar ningún conejo. La arquitectura no define ningún conejo, y es obligación de quien lo plantea el demostrar que existe, no su obligación como arquitecto el refutar esa existencia.
Nada más alejado de la realidad. ¿Por qué entonces llegan a mi casa tantos arquitectos, a combatir mis ideas del conejo?

El arquitecto hizo oídos sordos a esa razón tan válida, y también a mi fecundo libro de las enseñanzas del conejo y me contrapreguntó:
¿Usted cree que de haber un conejo, a este le importa un soberano pepino si usted monta una doctrina y rucas para venerarlo? Puede efectivamente haber un conejo, ¿Pero por qué cree que se comportará y hará lo que usted dice?

Le dije que era un fanático de la arquitectura y que se fuera a construir casas.


Esa es una pequeña contemplación mía, nada más, pero que algún religioso se ponga una mano en el corazón y me diga que el ejemplo del conejismo no es un reflejo casi perfecto de lo que todos hacen con dios. Para ellos va dirigida la pregunta.
Esperen un momento… ¿Yo les estoy pidiendo que abran su mente a algo fuera de su fe? Estoy perdiendo el tiempo ¿No es así?

Bien. Les diré algo ojalá revelador. Yo sé qué pruebas necesito ver para llegar a considerar la idea de que los átomos no existen. Si alguien me las presenta, pues mi apego emocional al modelo atómico debe quedar de lado, en aras del conocimiento, y debo rendirme a la evidencia que me dice que no hay átomos en realidad. ¿Qué hace falta para que ustedes consideren algo contrario a lo que creen?

No interesa. Si llega un católico ferviente a decirme que el conejo es estúpido y que pensar que en las casas hay conejos escondidos es tarado ¡Bienvenidos al mundo de la teoría de la arquitectura! Los argumentos que pueden usar para descartar la idea de un conejo en mi jardín son exactamente iguales a los argumentos que yo, o cualquier puede usar para debatir sobre ya saben qué. Me dan los mismos argumentos que a los que ustedes hacen oídos sordos ¿No llegarán, ni por un segundo, a sentirse inconsecuentes? Demasiado pedir.
Por otra parte ¿Han estado ustedes revisando en toda mi casa, para saber si hay o no un conejo? Nosotros ¿Hemos escudriñado en todo el universo, a ver si nos pillamos a dios? ¿Hace falta siquiera?

Ateos y antiteístas sienten igual de ridículo la creencia en un dios o en una religión como ustedes lo concerniente al conejo. Pueden tener argumentos muy lógicos contra el conejo, exacta y absolutamente los mismos que ellos contra dios y la iglesia, quitándole eso sí la caricaturización de la que hice gala. Pero no importará: por exponérselos a tipos conejistas dogmáticos quedan al nivel de “idiotas”, de “ateos”, que no ven la simpleza de la jardinería…

Para que quede claro. Yo no soy anti teísta. El no creer debe basarse también en argumento sólidos. El no creer por fanatismo es exactamente la misma cosa que creer por fanatismo. Yo no creo ni que dios exista ni que no exista, porque yo reniego y considero irracional el propio concepto de “creer”. Yo no “creo”, yo estudio, yo sopeso ambos puntos, saco conclusiones y no las que otros envasen para mí. Soy escéptica, y mi postura es la eterna duda. Dudo de la ciencia, dudo de la religión. Si mañana atacan a los curas y los tildan de pedófilos, pediré evidencia que lo asegure y además que no generalicen. Si mañana atacan a Einstein diciendo que estaba equivocado, pediré evidencia que lo asegure y además que no generalicen, seguro no estuvo equivocado en todo.

Hay otras religiones paródicas como el pastafarismo o la unicornio rosa invisible, o teteras espaciales, pero quizás haya navegado demasiado poco por la web como para encontrar una respuesta razonable y criteriosa de un religioso a estos postulados, por eso planteo este conejismo.

A propósito de la unicornio rosa invisible, o URI, el fanatismo hacia ella se basa en el hecho de que pueda ser de color rosa e invisible al mismo tiempo ¡Vaya prodigio!
Pero me puse a pensarlo bien, y hay algo que todos están pasando por alto. Si la Unicornio emitiese todo su calor corporal en el ultravioleta, sería invisible a nuestros ojos. Además, nadie podría negar que es de color ultravioleta ¡O sea que es súper rosada! Por ende, y bajo lógica innegable, la unicornio rosa invisible puede existir…[1]

Todos estos planteamientos, también los que defienden la existencia de un dios, son independientes de que dios finalmente exista o no. El que yo sostenga que hay motivos para no creer, y que de hecho la mera palabra “creer” es aborrecible, no es un argumento definitorio, de igual forma que si me tratan de convertir y me aseguran el infierno, tampoco es definitorio. Pudiera ser que exista, pero no se figuren entonces que los ama a todos ustedes, que creó el universo y que le importa que ustedes tengan religiones sujetas en bases que no tienen fundamentos, tan sólo creencias parciales y sin comprobar. De hecho, yo puedo decir que la ruca también es santa, cobrar a los conejistas por entrar a la ruca y así con ese dinero pagarme una gran vida en vez de comprar abono, semillas y todo lo necesario para mantener al jardín.
Esperen un momento… ¡Acabo de admitir que podría ser que Dios exista! Poco que importa, si un religioso no admite que podría no existir ¿Verdad?

Finalmente, si alguien quiere ser conejista, es de esperar que lo sea de propia voluntad, y no forzado al momento de nacer a pertenecer a la religión del roedor de dientes milagrosos. ¿Por qué lo menciono? Pues porque en el artículo 19 Nº 6 de la Constitución Política de la República de Chile, y también en el artículo 6 de la Ley Nº 19.638 se establece la libertad religiosa y de culto expresada en la facultad de “profesar la creencia religiosa que libremente elija o no profesar ninguna; manifestarla libremente o abstenerse de hacerlo; o cambiar o abandonar la que profesaba”. Cito esto ya que estoy en Chile, pero en sus respectivos países también existen dichas resoluciones legales, escritas casi de la misma forma.
Por lo tanto yo no puedo forzarlos a ser conejistas ni a prohibirles dejar de serlo. Ojalá nadie grite frente a mi casa, con un megáfono, acerca de conejos. Se ganarían una denuncia por ruidos molestos, al igual que se lo ganó un día alguien que tocaba a Bach en la calle. Hay que ver cómo están las cosas.

Saludos y alaben al conejo, que si no se van exiliados a un mundo donde no hay jardines.

Enlaces y referencias:


[1] Si Ud. usa como argumento para rebatirme el que encuentre lógico que la URI pueda ser invisible y rosa a la vez, absténgase si quiera de ejecutar pensamientos sobre lo que sea. Por su comprensión gracias.

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